Lunes 9 de Febrero de 2026

HISTORIAS

17 de enero de 2026

Se apreciaban, se respetaban y se aconsejaban: la cálida amistad entre San Martín y Belgrano

Se conocieron un 17 de enero de 1814 en el norte, aunque desde el año anterior intercambiaban correspondencia. Uno le pedía consejos, el otro valoraba la labor encarada contra viento y marea. Entre ellos surgió un fuerte lazo de respeto y fraternidad.
Por Adrián Pignatelli

Manuel Belgrano estaba al mando del Ej�rcito del Norte, donde hab�a logrado importantes victorias pero tambi�n serios contrastes Uno era militar por vocaci�n; el otro, fue por necesidad. El primero ven�a con un aceitado know how de c�mo hacer la guerra y el otro siempre estuvo �vido de consejos militares. Ese soldado profesional ya hab�a mostrado en San Lorenzo lo que pod�a hacer y el otro, si bien hab�a logrado victorias importantes, ahora no le iba para nada bien. En enero de 1814 Jos� de San Mart�n, a semanas de cumplir los 36 a�os, iba hacia el norte, a hacerse cargo del castigado ej�rcito que comandaba Manuel Belgrano, un abogado devenido en general de 43 a�os. No se conoc�an personalmente, pero se admiraban. No se sabe qui�n dio el primer paso, porque no se hallaron todas las cartas, pero antes de estrecharse en un abrazo, ambos ya hab�an intercambiado correspondencia. Jos� de San Mart�n en Jos� de San Mart�n en la �poca en que era gobernador de Cuyo. Hab�a llegado al pa�s en marzo de 1812 y, como integrante de la Logia Lautaro, vino con su propia agenda independentista San Mart�n, cuando pis� el muelle de Buenos Aires el 9 de marzo de 1812 era un perfecto desconocido para la elite local, a quien le llamaba la atenci�n su fuerte acento espa�ol y hasta el sable corvo que colgaba de su cintura, comprado de segunda mano en Londres. Organiz� el Regimiento de Granaderos a Caballo, y respetando los planes acordados en el seno de la Logia Lautaro, el 8 de octubre de 1812 particip� del movimiento que determin� el fin del Primer Triunvirato y su reemplazo por el Segundo, af�n a las ideas de la independencia, y luego vendr�a el bautismo de fuego. En el inter�n, Belgrano hab�a tenido resonantes triunfos en Tucum�n el 24 de septiembre de ese a�o y en Salta el 20 de febrero de 1813. Sin embargo, las derrotas que sufri� en Vilcapugio y Ayohuma decidieron al Gobierno y a la Logia Lautaro: el Ej�rcito del Norte deb�a cambiar de tim�n. Belgrano comenz� a escribirle a San Mart�n el 27 de septiembre de 1813 y seguir�a haci�ndolo hasta el mismo mes pero de 1817. A trav�s del papel aprendieron a conocerse y a respetarse mutuamente. El 25 de septiembre de 1813, desde Lagunillas, Alto Per�, se sincer�: ?�Ay! Amigo m�o. �Y qu� concepto se ha formado usted de m�? Por casualidad, o mejor dir� porque Dios ha querido, me hallo de general sin saber en qu� esfera estoy. No ha sido esta mi carrera y ahora tengo que estudiar para medio desempe�arme y cada d�a veo m�s y m�s las dificultades de cumplir con esta terrible obligaci�n?. M�s adelante agregaba: ?Crea que jam�s me quitar� el tiempo y que me complacer� con su correspondencia, si gusta honrarme con ella y darme algunos de sus conocimientos para que pueda ser �til a la patria?. El 8 de diciembre le escribi� a San Mart�n que ?he sido completamente batido en las pampas de Ayohuma cuando m�s cre�a conseguir la victoria. Pero tengo constancia y fortaleza para sobrellevar los contratiempos y nada me intimidar� para seguir sirviendo, aunque sea como soldado raso, por la libertad e independencia de la patria?. Remarc� que, ?si fu�ramos razonables, usted debi� haber estado conmigo antes de la batalla de Salta (?) Yo ped� que usted viniera desde Tucum�n pero no quisieron envi�rmelo. Alg�n d�a lamentar�n esa negativa. En ciertas situaciones el miedo solo sirve para perderlo todo?. Cuando el Gobierno le insisti� en que se hiciese cargo del Ej�rcito del Norte, San Mart�n expuso sus reparos. Belgrano era una figura de prestigio, a quien ten�a en alta consideraci�n. Pero las presiones, especialmente desde la Logia Lautaro, pudieron m�s. Le adelantaron que le ser�an reconocidos al creador de la bandera sus servicios pero que ahora era su turno de asumir la jefatura de un ej�rcito golpeado y desmoralizado. ?Yo me hallo con una porci�n de gente nueva a quien se est� instruyendo lo mejor posible; pero todos cual Ad�n. Deseo mucho hablar con usted de silla a silla para que tomemos las medidas m�s acertadas y formando nuestros planes los sigamos, sean cuales fueren los obst�culos que se nos presenten, pues sin tratar con usted a nada me decido?, le confes� Belgrano desde Jujuy el 2 de enero de 1814. Cuadro que recrea el encuentro Cuadro que recrea el encuentro entre San Mart�n y Belgrano El 12 de enero San Mart�n estaba en Tucum�n y, a pesar de sus problemas de salud que sufri� durante la traves�a, no se qued� a descansar y, como le hab�a indicado Belgrano, continu� hacia Cobo junto a sus granaderos a fin de proteger su retirada, ya que el enemigo le pisaba los talones desde comienzos de enero. ?Mi coraz�n toma un nuevo aliento cada instante que pienso que usted se me acerca, porque estoy firmemente persuadido de que con usted se salvar� la patria y podr� el ej�rcito tomar un diferente aspecto. Soy solo, esto es hablar con claridad y confianza. No tengo, ni he tenido, quien me ayude, y he andado los pa�ses en que he hecho la guerra como un descubridor, pero no con hombre que tenga iguales sentimiento a los m�os, de sacrificarse antes que sucumbir a la tiran�a?. En esa carta que le escribi� Belgrano desde Jujuy, el 25 de diciembre de 1813, le confes� que ?entr� a esta empresa con los ojos cerrados y perecer� en ella antes que volver la espalda. En fin, mi amigo, espero de usted un compa�ero que me ilustre, que me ayude y quien conozca en m� la sencillez de mi trato y la pureza de mis intenciones, que Dios sabe no se dirigen ni se han dirigido m�s que al bien general de la patria y a sacar a nuestros paisanos de la esclavitud en que viv�an?. Belgrano tampoco estaba bien. Sufr�a de paludismo que lo ten�a a maltraer desde hac�a tiempo, pero la fiebre y los dolores no lo retrasaron. El 17 cruz� el r�o Juramento, ayudado por Manuel Dorrego quien organiz� una maniobra de distracci�n del enemigo, y ese mismo d�a, en la Posta de Algarrobos se abraz� por primera vez a San Mart�n. En la posta de Yatasto, En la posta de Yatasto, donde se alojaron varias personalidades de nuestra historia, est� recreado el encuentro entre San Mart�n y Belgrano Por a�os se sostuvo que el famoso encuentro hab�a sido en la Posta de Yatasto, aunque investigaciones de historiadores lo han puesto en duda. La Posta de Algarrobos estaba ubicada a unos setenta kil�metros al norte de Yatasto. Ambos se alojaron en la Estancia de las Juntas, propiedad de Manuel Jos� Torrens, un catal�n que hab�a adherido a la Revoluci�n de Mayo. Casado con Isabel Gorriti, entre 1812 y 1814 se hab�a dedicado a pasarle informaci�n a Belgrano y a asistirlo en cuesti�n de caballadas y provisiones. El casco se levantaba cerca de la uni�n de los r�os Met�n y Yatasto. Belgrano desconoc�a la orden del Segundo Triunvirato que designaba a San Mart�n como jefe del Ej�rcito Auxiliar del Per�. Por eso, el 21 lo design� su segundo jefe y le encomend� que fuera a Tucum�n ?ya que Salta y Jujuy ofrec�an garant�as de seguridad por la proximidad de los espa�oles? a hacerse cargo de la instrucci�n de la tropa. El 29 de enero San Mart�n asumi� la jefatura del ej�rcito y en San Miguel de Tucum�n, en lo que entonces eran los arrabales, levant� La Ciudadela, donde estableci� el cuartel. Era una fortaleza con forma de estrella de cinco puntas que ocupaba cuatro manzanas y que estaba rodeada de un foso de dos metros de profundidad. San Mart�n no pod�a creer con lo que se hab�a encontrado. Describi� a las fuerzas que deb�a mandar como ?tristes fragmentos de un ej�rcito derrotado?. Soldados harapientos que, al decir del flamante jefe, no pod�an salir del cuartel porque no contaban con ropa que los cubriese. Por eso pidi� uniformes y, desobedeciendo una disposici�n del Gobierno, con los caudales apropiados en Potos�, le pag� a la tropa sueldos adeudados. Mal armados, pertenec�an a regimientos de los que solo hab�an quedado retazos. San Mart�n disolvi� el Regimiento 6, con muchas bajas y con casi ning�n oficial e integr� a esos hombres al Regimiento 1 y puso al mando a Belgrano; tambi�n hizo lo propio con el Regimiento 8, el Batall�n de Cazadores, y el 2 tambi�n fue reemplazado. Sobrevivi� como caballer�a los Dragones del Per�. Nombr� al tucumano Gregorio Ar�oz de La Madrid como su ayudante de campo. Seg�n San Mart�n, la oficialidad con la que se encontr�, ?adem�s de ignorante y presuntuosa, se niega a todo lo que es aprender, y es necesario estar constantemente sobre ellos para que se instruyan, al menos de algo que es absolutamente indispensable que sepan?. Debi� desplazar al valiente Manuel Dorrego cuando, en la tarea de uniformar las voces de mando, el coronel se ri� abiertamente de la voz aflautada de Belgrano. Al d�a siguiente, Dorrego era informado: deb�a dejar el ej�rcito y dirigirse a Santiago del Estero a esperar �rdenes. Cont� con la ayuda de Belgrano, quien lo ilustr� acerca de la forma de ser y de pensar de los soldados y del comportamiento de los oficiales; adem�s le describi� la particular geograf�a en la que se encontraban y la idiosincrasia del norte�o. Asist�a a las clases de San Mart�n que daba a los oficiales sobre el arte de la guerra. Belgrano ofreci� quedarse con �l, ?aunque sea de soldado, me alegrar�a, pues deseo batirme con ese indecente canalla que s�lo por castigo del cielo pudo arrollarnos?. El 12 de febrero por la noche, San Mart�n recibi� la orden del Gobierno de que Belgrano dejase el ej�rcito y se pusiese en camino a C�rdoba. Como planeaba mantenerlo cerca suyo, esgrimi� excusas, como la enfermedad que padec�a, que era inadecuado que emprendiese el viaje en �poca de lluvias y de intenso calor y que a�n no se hab�a hecho la entrega formal del archivo de la secretar�a. Es que San Mart�n no quer�a desprenderse de �l: era querido por los lugare�os, conoc�a las costumbres y lo consideraba de utilidad en la instrucci�n de los oficiales. Pero no hubo caso: el director supremo Gervasio Posadas, quien hab�a asumido el 22, le insisti� en que la orden fuera cumplida. El 18 de marzo Belgrano parti� hacia Santiago del Estero y all� estuvo hasta fines de mayo, cuando recibi� la orden de ir a Buenos Aires. Ser�a sometido a un consejo de guerra por sus derrotas en Vilcapugio y Ayohuma. Cuando lleg� a Luj�n fue arrestado y por su delicado estado de salud, le permitieron permanecer en San Isidro, donde escribi� su autobiograf�a. Sin embargo, el Gobierno evalu� que tendr�a un impacto negativo juzgar a un oficial, termin� sobrese�do y en septiembre recibi� un encargo de una misi�n diplom�tica junto a su amigo de la infancia, Bernardino Rivadavia, a quien hab�a desobedecido la orden de bajar a C�rdoba y quedarse a dar batalla en Tucum�n. Tiempo despu�s, el jefe de Granaderos dir�a sobre Belgrano que ?es el m�s met�dico de los que conozco en nuestra Am�rica, lleno de integridad y talento natural; no tendr� los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en cuanto a milicia, pero cr�ame usted que es lo mejor que tenemos en Am�rica?. San Mart�n permaneci� cuatro meses al frente del Ej�rcito del Norte. La geograf�a le hizo tomar conciencia que ser�a imposible liberar Am�rica a trav�s del Altiplano y plane� una alternativa superadora. Renunci� a la jefatura y se dirigi� a C�rdoba, soportando los dolores de su �lcera estomacal. Se har�a nombrar gobernador de Cuyo, desde donde encarar�a el plan fant�stico de cruzar los Andes.

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