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12 de Julio de 2026
INTERES GENERAL
12 de julio de 2026
Nuevos hallazgos ponen en duda una creencia extendida sobre la madurez y abren otra mirada sobre el rendimiento cerebral
El miedo a envejecer suele estar ligado a la idea de perder fuerza, memoria o independencia. Estudios recientes indican que el paso de los años no determina por sí solo cómo evolucionan nuestras capacidades. Investigaciones como la publicada en la revista Intelligence señalan que el mejor momento para la mente se da entre los 55 y los 60 años. En esa etapa, la experiencia, el manejo de emociones y el criterio para decidir alcanzan su punto más alto.
Trabajos como el de la revista Science Advances muestran que si las habilidades mentales se usan de manera frecuente, se mantienen y pueden mejorar incluso después de los 60 años. Si se dejan de emplear, es más fácil que se deterioren. Estos hallazgos contradicen la creencia de que el envejecimiento implica siempre un declive inevitable. Mantenerse activo, tanto física como mentalmente, marca la diferencia.
El envejecimiento no implica por sí solo un declive inevitable de la memoria, la fuerza o la independencia (Imagen Ilustrativa Infobae)
La falta de actividad física tiene consecuencias para la salud, especialmente en la edad adulta. El sedentarismo está vinculado con un mayor riesgo de enfermedades crónicas, debilidad del sistema inmunitario y pérdida de movilidad en la vida diaria. Además, limita la autonomía y la capacidad de realizar tareas cotidianas de forma independiente.
Con el paso del tiempo, no moverse lo suficiente puede afectar tanto al cuerpo como al bienestar emocional. La probabilidad de sufrir una muerte prematura aumenta cuando la actividad es escasa. Por eso, practicar ejercicio regularmente ayuda a conservar la salud y la independencia en cualquier etapa de la vida.
La inactividad física aumenta el riesgo de muerte prematura y afecta el bienestar emocional con el paso del tiempo (iStock)
Un estudio publicado en la revista Aging Cell evidenció que el ejercicio regular trae beneficios para las personas mayores. Al entrenar tres veces por semana durante un año, los participantes mejoraron resistencia, velocidad y fuerza, con un aumento de hasta un 30,6 % en la fuerza muscular. Estos resultados demuestran que la actividad física puede mejorar la calidad de vida, incluso a edades avanzadas.
En contraste, quienes no realizaron ejercicio sufrieron un deterioro en esas áreas, perdiendo resistencia, velocidad y fuerza. Esto afectó su capacidad para desenvolverse en la vida diaria. El ejercicio no solo previene el deterioro físico, sino que puede revertirlo, lo que resalta que conviene moverse de forma regular a cualquier edad.
Un estudio de Aging Cell mostró que hacer ejercicio tres veces por semana durante un año mejoró la resistencia, la velocidad y la fuerza muscular en adultos mayores (Imagen Ilustrativa Infobae)
El cerebro cambia a lo largo de la vida, pero no todas las capacidades siguen el mismo patrón. La llamada velocidad mental y la memoria de trabajo suelen disminuir a partir de los veinte años. La inteligencia cristalizada, que es el conocimiento y la experiencia acumulados, puede seguir creciendo durante décadas. Esto significa que el aprendizaje constante ayuda a mantener y fortalecer la mente.
El estudio en Intelligence resalta que el máximo rendimiento mental se logra cuando se combina experiencia, conocimientos y habilidades personales. Por eso, las mejores decisiones suelen tomarlas quienes han vivido más y han aprendido a reconocer patrones y resolver problemas. La juventud aporta rapidez, pero la madurez suma contexto y criterio.
La inteligencia cristalizada puede crecer durante décadas, mientras la velocidad mental y la memoria de trabajo suelen disminuir desde los veinte años (Imagen Ilustrativa Infobae)
Mantener las capacidades físicas y mentales exige seguir utilizándolas a lo largo de la vida. Actividades como leer, resolver problemas o hacer ejercicio ayudan a que el cerebro y el cuerpo permanezcan activos y funcionales. Si estas habilidades no se practican, tienden a perderse con el tiempo, limitando la autonomía y la calidad de vida.
Este principio aplica tanto al plano físico como al mental. La constancia en el movimiento y el desafío intelectual facilitan conservar las capacidades a lo largo de los años. Mantenerse activo ayuda a evitar el deterioro y potencia el bienestar. Así, es posible mejorar las habilidades, sin importar la edad.