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HISTORIAS
7 de julio de 2026
El santafesino fue subcampeón mundial en 1981. El ambiente aún lo recuerda porque fue un caballero arriba y abajo del auto. Sus carreras paralizaron Argentina y se vivían como un clima de Mundial de fútbol
El miércoles 7 de julio de 2021 Carlos Alberto Reutemann pasó a la eternidad. Un lustro después se debe valorar su gesta tanto arriba como abajo del auto. El santafesino acarició la gloria en 1981 cuando perdió el título de Fórmula 1 por solo un punto en la definición disputada en un circuito armado en el estacionamiento del Caesars Palace de Las Vegas. Aunque, el recordado Lole dejó un ejemplo de profesionalismo, valores y principios que van más allá de un resultado deportivo cuyo legado es inquebrantable.
A lo largo de su historia, el recordado Lole forjó un camino plagado de honestidad que lo convirtieron en un caballero. Su ejemplo trascendió al deporte y se ganó un respeto en el ambiente de la F1 y del automovilismo nacional que aún continúa.
“Cada cosa que conseguí en mi vida me costó un huevo y la mitad del otro”, dijo Reutemann en una entrevista con CORSA en 2007. Cuánta verdad en sus palabras para alguien que de “chico hacía cinco kilómetros a caballo para ir a una escuela rural”, como recordó una vez. De aquellos días en el campo de Santa Fe a acariciar la gloria en el glamour de la Fórmula 1 y a tener una carrera política de 30 años. En sus inicios podría haberse consolidado en lo económico en el automovilismo nacional, pero apostó por ir a Europa detrás del gran sueño. La luchó y llegó a la cúspide del automovilismo. Y se transformó en un ícono del deporte argentino.
“Llevaba su nacionalidad con mucho estilo y mucha dignidad”, le recordó Sir Jackie Stewart en una entrevista con Infobae. Para Lole, representar al país fue lo máximo y se sacrificó para poder llegar a la F1. “En 1970 en la Argentina se ganaba buena plata. En el Sport Prototipos, los pilotos cobraban muy buenos sueldos. Ellos sacaban por mes lo que yo a duras penas pude ganar en un año en Europa. Recuerdo que a fines del año 1970 me vine de Europa con 1.200 dólares. Hasta en determinado momento pasaba hambre”, confesó.
Aquel sacrificio en sus inicios en Europa no fue un hecho aislado. Siempre fue un trabajador a pleno del automovilismo y su talento al volante lo potenció con esas interminables horas de pruebas en las que se convirtió en uno de los mejores tester de la historia y un especialista para poner a punto un auto.
Se convirtió en ídolo en los años setenta y también le quedó pendiente poder ganar de local, donde más de 80.000 personas lo bancaron en esos veranos inolvidables y en cada salida a pista erizó la piel de una multitud. Sus lágrimas por el abandono en 1980 en su debut en Williams fue una muestra de cuánto amaba correr en su tierra y ese 13 de enero supo que quemó uno de sus últimos cartuchos por ganar de local.
Al año siguiente dio otra muestra de dignidad deportiva y no cedió ante las órdenes de Williams para que lo deje pasar a Alan Jones en Brasil. Pese al cartel venció bajo la lluvia en el extinto circuito de Jacarepaguá. Esa carrera bue una bisagra en la lucha por el título, pero dejó un mensaje de que las victorias no se regalan.
Hace 45 años lideró el Campeonato Mundial de Conductores hasta la última fecha. Su rival, Nelson Piquet, aprovechó un auto fuera de reglamento en las primeras fechas para sumar puntos que le valieron el título. En la definición del título, Carlos tuvo la hidalguía de los grandes y evitó cualquier maniobra polémica.
En su campaña en la F1 obtuvo 12 victorias puntuables, seis poles positions y récords de vuelta, y 45 podios sobre 146 carreras (uno cada tres competencias). En diez años acumuló más de 300 puntos, cifra que, en un mismo período e igual sistema de puntaje, sólo la superó Jackie Stewart. Es el único piloto en haber hecho podios en la F1, el Mundial de Rally y el de Endurance, en su época el de Sport Prototipos.
Según un artículo publicado en la edición 765 de la revista CORSA, en 1980, a nivel mundial la Argentina fue el segundo país en audiencia con 10.000.000 de espectadores de promedio en cada una de las 15 competencias de ese año. En esa época nuestra población era de 27.800.000 habitantes. Es decir, más de un tercio de la gente siguió a Lole. Se ubicó detrás de Brasil (120.000.000 de habitantes en 1980) con 12.000.000 de televidentes por fecha. Aquí, Argentina Televisora Color (hoy TV Pública) transmitió las carreras en directo o en diferido a través de una red de canales del interior y repetidoras que abarcaron todo el país.
Fue tal el furor generado por el santafesino que obligó a cambiar el horario de un Superclásico. El domingo 27 de septiembre de 1981, pudo haber sido campeón de F1. Fue en Canadá, una fecha antes del final. La carrera fue por la tarde de Argentina (como ahora) y el Boca Juniors-River Plate en La Bombonera por el Campeonato Nacional se jugó a la mañana, con Maradona, Brindisi, Gatti y Passarella, Kempes y Fillol, del otro.
Luego de vencer en Mónaco en 1980 y ser tercero en Bélgica, continuó una racha de 15 carreras seguidas en las que sumó puntos en 1980 y 1981, un récord que recién batió el alemán Michael Schumacher entre 2001 y 2003 con una cosecha al hilo en 24 competencias y con el mejor auto de esos años como la Ferrari.
Dejó su sello en las escuderías en las que estuvo y hay una en la que sigue siendo muy querido, Ferrari: en 1991 volvió a Maranello y lo recibieron como un campeón. Cuatro años más tarde desde Italia trajeron una Ferrari 412 T1 con la que giró en el Autódromo de Buenos Aires en el marco de la vuelta de la F1 a Argentina. También se abrazó con Williams pese a lo ocurrido 14 años antes.
El respeto que se ganó en el ambiente vale mucho más que cualquier título y sigue siendo recordado por sus valores como deportista. Por eso siempre fue bien recibido en los Grandes Premios cada vez que quiso asistir en cualquier parte del mundo.
Carlos Alberto Reutemann fue uno de los mejores deportistas argentinos en la historia. En una época sin redes sociales ni seguidores virtuales, ni tendencias; en el mundo real Carlos dejó un sello. Su nombre es sinónimo de respeto en el ambiente internacional. La persona trascendió al deportista y a un año de su partida física, Lole dejó un legado más importante que el haber sido campeón: es el Caballero de la Fórmula 1.