Parecía una dulce anciana, pero enterraba a sus huéspedes en su jardín de hortalizas: la caída inesperada de una asesina serial
Dorothea Puente aparentaba más edad de la que tenía. Su pensión Los Samaritanos, destinada a adultos bajo cuidado del Estado, tenía fama de tratarlos muy bien. Mientras tanto, cobraba los cheques de un tendal de víctimas. Un error mínimo la dejó en evidencia