Domingo 15 de Febrero de 2026

HISTORIAS

15 de febrero de 2026

Es ingeniero y los sábados se convierte en “El Zorro” de Morón: “No me quería ir de este mundo sin intentarlo”

Diego Giannotti tiene 47 años y audita fábricas durante la semana. Sin embargo, cambia las planillas por la capa y la espada para darle vida al héroe de su infancia en el oeste del Conurbano.
Por: Mauricio Luna

En la semana, Diego Giannotti (47) es la cara visible de la rigurosidad. Como ingeniero industrial y auditor de fábricas, su trabajo consiste en señalar lo que está mal, en ser “el hombre malo” que exige correcciones. Pero cuando llega el sábado, el traje gris y las planillas quedan archivadas. Diego se calza la máscara, empuña la espada y se transforma en el héroe que marcó su infancia. “De lunes a viernes trabajo como ingeniero industrial y auditor de fábricas, y los fines de semana me convierto en El Zorro argentino”, se presenta ante TN. Este vecino de la zona oeste, que vivió toda su vida entre Ramos Mejía y Villa Sarmiento, logró lo que muchos adultos apenas se atreven a soñar: darle vida a su ídolo. La historia de Diego con Don Diego de la Vega empezó frente a un televisor de tubo. “Los recuerdos que tengo son de ir a tomar la merienda con mi mamá mirando El Zorro y disfrazarme en los carnavales con la capa que me hacía mi abuela, que todavía la tengo guardada”, rememora con nostalgia. A diferencia de otros chicos, el deseo de Diego no se desvaneció con la adolescencia. Aunque en su casa le inculcaron la importancia de una carrera tradicional, él siempre buscó la forma de estar cerca del personaje. Diego organizaba fiestas de disfraces en su casa solo para tener la excusa de dejarse el bigote y aparecer por los tejados mientras un amigo recaudaba fondos para la fiesta. Años más tarde, estudió esgrima escénica con Fernando Lupiz, el gran referente del personaje en la Argentina y heredero artístico de Guy Williams. “Él me tiró tips de cómo hacer el talabarte donde se cuelga la espada; fue continuar la leyenda”, explica. El estrés laboral y el “ahora o nunca” A pesar de su pasión, el Diego ingeniero se impuso durante años. Viajes constantes a Brasil, Europa y Perú terminaron en un cuadro de estrés laboral que lo obligó a frenar. Fue el momento del click. El debut no fue en un gran teatro, sino en la plaza del barrio. Para testear su valentía y la reacción del público, Diego empezó vendiendo globos y espaditas de juguete vestido con el traje oficial. “Llegaba con la máscara, oculto, nadie sabía quién era. El ingeniero de 36 años llamando a la gente para que se acerque. Yo me la creí, salí seguro de que era artista de años para que la gente se lo creyera”, confiesa entre risas. Detrás de cada héroe hay una red de contención. En su caso, son su esposa Paula (maestra) y sus dos hijas, Morena (16) y Josefina (14). “Hice una pausa y dije: ‘Bueno, no me quiero ir de este mundo sin por lo menos intentar hacer esto que tanto me gusta’. De ahí a pararme adelante de la gente siendo un hombre grande, ingeniero... faltaba muchísimo”, revela. “Paula conoció al Diego ingeniero, no sabía todo lo que se venía después. Pero mi familia fue importante en dejarme ser, en darme el espacio. Al principio me acompañaban a todos los shows y se ponían a hacer palmas para convocar a la gente”, cuenta Giannotti. Hoy, sus hijas conviven con la fama barrial de su padre. En Morón y alrededores, Diego ya es una figura reconocida. “A veces estoy paseando a la perra y escucho que me gritan ‘¡Zorro!’. O voy a la plaza y se acercan nenes y me dicen: ‘Dice mi papá que vos sos El Zorro, ¿es verdad?’”, relata. Un show profesional y el legado de Guy Williams Lo que empezó como un show de circo a la gorra en la costa atlántica evolucionó en una puesta teatral interactiva. Diego invirtió en escenografía (el pueblo de Los Ángeles, con calabozo y aljibe incluido), sonido y perfeccionó su traje para que fuera idéntico al de Guy Williams. Actualmente, no trabaja solo. Se sumó Alejandro, un compañero de las clases de Lupiz, quien interpreta al Capitán Monasterio. Juntos realizan duelos de espadas que dejan a los chicos boquiabiertos. La primera vez que ganó dinero gracias al personaje fue en un cumpleaños en Haedo. Diez años después, aquel cumpleañero le escribió para contarle que empezó a estudiar esgrima gracias a él. “Mi búsqueda es hacer lo que me gusta y poner mi granito de arena para que El Zorro no desaparezca. Hoy está lleno de superhéroes, pero El Zorro tiene ese suspenso y esa búsqueda de justicia sin buscar reconocimiento, que sigue pegando fuerte”. El ingeniero de Villa Sarmiento cierra sus presentaciones con un mensaje que aplica a su propia vida: “No hace falta un DeLorean para cambiar el futuro. Todos los días podemos cambiar nuestro propio destino. No se queden con la duda de lo que pudo haber sido”. Fotos y video: Juan Pablo Chaves. Edición: Belén Duré.
En la semana, Diego Giannotti (47) es la cara visible de la rigurosidad. Como ingeniero industrial y auditor de fábricas, su trabajo consiste en señalar lo que está mal, en ser “el hombre malo” que exige correcciones. Pero cuando llega el sábado, el traje gris y las planillas quedan archivadas. Diego se calza la máscara, empuña la espada y se transforma en el héroe que marcó su infancia. “De lunes a viernes trabajo como ingeniero industrial y auditor de fábricas, y los fines de semana me convierto en El Zorro argentino”, se presenta ante TN. Este vecino de la zona oeste, que vivió toda su vida entre Ramos Mejía y Villa Sarmiento, logró lo que muchos adultos apenas se atreven a soñar: darle vida a su ídolo. La historia de Diego con Don Diego de la Vega empezó frente a un televisor de tubo. “Los recuerdos que tengo son de ir a tomar la merienda con mi mamá mirando El Zorro y disfrazarme en los carnavales con la capa que me hacía mi abuela, que todavía la tengo guardada”, rememora con nostalgia. A diferencia de otros chicos, el deseo de Diego no se desvaneció con la adolescencia. Aunque en su casa le inculcaron la importancia de una carrera tradicional, él siempre buscó la forma de estar cerca del personaje. Diego organizaba fiestas de disfraces en su casa solo para tener la excusa de dejarse el bigote y aparecer por los tejados mientras un amigo recaudaba fondos para la fiesta. Años más tarde, estudió esgrima escénica con Fernando Lupiz, el gran referente del personaje en la Argentina y heredero artístico de Guy Williams. “Él me tiró tips de cómo hacer el talabarte donde se cuelga la espada; fue continuar la leyenda”, explica. El estrés laboral y el “ahora o nunca” A pesar de su pasión, el Diego ingeniero se impuso durante años. Viajes constantes a Brasil, Europa y Perú terminaron en un cuadro de estrés laboral que lo obligó a frenar. Fue el momento del click. El debut no fue en un gran teatro, sino en la plaza del barrio. Para testear su valentía y la reacción del público, Diego empezó vendiendo globos y espaditas de juguete vestido con el traje oficial. “Llegaba con la máscara, oculto, nadie sabía quién era. El ingeniero de 36 años llamando a la gente para que se acerque. Yo me la creí, salí seguro de que era artista de años para que la gente se lo creyera”, confiesa entre risas. Detrás de cada héroe hay una red de contención. En su caso, son su esposa Paula (maestra) y sus dos hijas, Morena (16) y Josefina (14). “Hice una pausa y dije: ‘Bueno, no me quiero ir de este mundo sin por lo menos intentar hacer esto que tanto me gusta’. De ahí a pararme adelante de la gente siendo un hombre grande, ingeniero... faltaba muchísimo”, revela. “Paula conoció al Diego ingeniero, no sabía todo lo que se venía después. Pero mi familia fue importante en dejarme ser, en darme el espacio. Al principio me acompañaban a todos los shows y se ponían a hacer palmas para convocar a la gente”, cuenta Giannotti. Hoy, sus hijas conviven con la fama barrial de su padre. En Morón y alrededores, Diego ya es una figura reconocida. “A veces estoy paseando a la perra y escucho que me gritan ‘¡Zorro!’. O voy a la plaza y se acercan nenes y me dicen: ‘Dice mi papá que vos sos El Zorro, ¿es verdad?’”, relata. Un show profesional y el legado de Guy Williams Lo que empezó como un show de circo a la gorra en la costa atlántica evolucionó en una puesta teatral interactiva. Diego invirtió en escenografía (el pueblo de Los Ángeles, con calabozo y aljibe incluido), sonido y perfeccionó su traje para que fuera idéntico al de Guy Williams. Actualmente, no trabaja solo. Se sumó Alejandro, un compañero de las clases de Lupiz, quien interpreta al Capitán Monasterio. Juntos realizan duelos de espadas que dejan a los chicos boquiabiertos. La primera vez que ganó dinero gracias al personaje fue en un cumpleaños en Haedo. Diez años después, aquel cumpleañero le escribió para contarle que empezó a estudiar esgrima gracias a él. “Mi búsqueda es hacer lo que me gusta y poner mi granito de arena para que El Zorro no desaparezca. Hoy está lleno de superhéroes, pero El Zorro tiene ese suspenso y esa búsqueda de justicia sin buscar reconocimiento, que sigue pegando fuerte”. El ingeniero de Villa Sarmiento cierra sus presentaciones con un mensaje que aplica a su propia vida: “No hace falta un DeLorean para cambiar el futuro. Todos los días podemos cambiar nuestro propio destino. No se queden con la duda de lo que pudo haber sido”. Fotos y video: Juan Pablo Chaves. Edición: Belén Duré.

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