Domingo 26 de Julio de 2026

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28 de enero de 2026

Olas de calor dañan hasta mamposterías urbanas: estropean e impregnan paredes y techos


Un mantenimiento preventivo planificado y la elección correcta de materiales prolonga la vida útil de la vivienda, reduce costos e impide el recalentamiento.

 

 

En 2026, los índices UV en áreas como Buenos Aires alcanzan niveles extremos (12+), lo que acelera la degradación de polímeros, pinturas y techos y afectan la piel de la gente. (Foto NA/redes)

En 2026, los índices UV en áreas como Buenos Aires alcanzan niveles extremos (12+), lo que acelera la degradación de polímeros, pinturas y techos y afectan la piel de la gente. (Foto NA/redes)

Buenos Aires, 27 de enero de 2026 (NA) -- Las altas temperaturas, la radiación solar y lluvias torrenciales, además de generar dilataciones, fisuras y fallas prematuras en materiales de construcción, transmiten la concentración térmica al interior de viviendas y edificios.

 

Asimismo, las paredes que reciben el sol del mediodía en adelante en forma directa se recalientan en el verano, de tal forma que para enfriar con aire acondicionado el ambiente requieren de un consumo exagerado de electricidad, que sobrecarga la factura de la luz y la salud bronquial de la gente que está adentro, analizó la agencia Noticias Argentinas teniendo en cuenta estos datos.

 

En 2026, los índices UV en áreas como Buenos Aires alcanzan niveles extremos (12+), lo que acelera la degradación de polímeros, pinturas y techos.

 

Provocan grietas y pérdida de color, del mismo modo en que lastiman la piel de las personas que se exponen en los horarios que el sol está más alto y los rayos caen a pico.

 

Es esencial, en consecuencia, aplicar recubrimientos reflectantes, usar materiales con alta resistencia UV y proteger al personal.

 

Estrés térmico

Los especialistas del ramo denominan estrés térmico al proceso progresivo que afecta revoques, pinturas, morteros y selladores, que reducen su vida útil y generan fallas estructurales y estéticas.

 

La exposición prolongada al sol impacta directamente sobre las superficies exteriores.

 

Las pinturas y recubrimientos se degradan por la radiación UV, los revoques pierden humedad interna y comienzan a microfisurarse, mientras que los morteros pueden perder cohesión superficial.

 

En paralelo, los selladores rígidos o de baja calidad tienden a endurecerse, perder elasticidad y dejar de absorber los movimientos naturales de la estructura.

 

Uno de los primeros signos de alerta del estrés térmico es la aparición de fisuras capilares, craquelados, separación en juntas y deformación de sellados, especialmente en encuentros entre carpinterías y muros.

 

Estas señales tempranas suelen subestimarse, pero pueden derivar en filtraciones de agua, desprendimientos y reparaciones mucho más costosas si no se interviene a tiempo.

 

Cuestión técnica no estética

“El error más frecuente es tratar el mantenimiento como una cuestión estética y no técnica. Las superficies exteriores están en constante movimiento y necesitan productos que acompañen esa dinámica, especialmente en verano”, explica Aylen Muñoz Alegre, responsable de Comunicación en Mapei Argentina.

 

“El uso de selladores rígidos en zonas con dilatación o la aplicación de productos sobre superficies calientes son prácticas que reducen drásticamente la durabilidad de cualquier sistema”, añade.

 

La prevención comienza antes de que llegue el calor intenso. Los especialistas recomiendan revisar juntas, fisuras y sellados existentes, limpiar y preparar superficies envejecidas, verificar drenajes y utilizar recubrimientos con resistencia UV certificada.

 

En obras nuevas, respetar los tiempos de curado de morteros y revoques es clave para evitar fallas prematuras durante los meses más calurosos.

 

En zonas con lluvias intensas, el estrés térmico se vuelve aún más crítico.

 

La combinación de sol extremo seguido de precipitaciones genera contracciones y expansiones bruscas que afectan cubiertas, balcones, medianeras y encuentros de materiales.

 

“Una fisura activa que permite el ingreso de agua debe tratarse de inmediato. En estos casos, los selladores elásticos y los sistemas de impermeabilización adecuados marcan la diferencia entre una solución duradera y un problema recurrente”, agregan desde Mapei.

 

Consecuencias

El estrés térmico no se ve de un día para el otro, pero sus consecuencias sí, concluyen los especialistas.

 

Un mantenimiento preventivo bien planificado y la elección correcta de materiales no solo evitan filtraciones y desprendimientos, sino que también prolongan la vida útil de la vivienda, reducen costos a largo plazo e impiden el recalentamiento de las paredes interiores.

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