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25 de abril de 2021

La crisis de la pandemia golpea al cine y al Oscar

La gala de la 93a. entrega de los premios de la Academia de Hollywood de este domingo será la primera con nuevo formato, como consecuencia de una pandemia que también golpea fuerte a la industria del cine mundial.

La fiesta de los premios Oscar de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood de esta noche será la primera en tener lugar durante una pandemia que también golpea fuerte a la industria del cine mundial y en consecuencia a la poderosa Hollywood.

"Cambia, todo cambia", dice la canción de Mercedes Sosa, y esta vez hasta las cosas menos pensadas se reconfiguran, como aquellas que venían ocurriendo de acuerdo a un mecanismo casi de relojería hace casi un siglo, es decir poco después de cuando se desató otra contingencia sanitaria mundial similar a poco de terminar la Primera Guerra Mundial, y a caballo con La década del 20, del siglo 20.

Casualidad o no, resulta curioso que el año en que la fiesta de los premios Oscar de Hollywood deberá modificar su formalidad en virtud de una pandemia que ya supera cualquier previsión, coincida con que una película como "Mank", de David Fincher, la historia del autor del sólido guión de "El ciudadano", clásico de Orson Welles rodada en blanco y negro, haya recibido la mayor cantidad de candidaturas.

Curioso al menos, que la propuesta sea una suerte de caja china acerca de la película varias veces considerada como la mejor de todos los tiempos, la trama secreta de aquella historia inspirada en un magnate de la prensa estadounidense que cambió (a su manera) la historia del periodismo, estalle en momentos en que la misma historia del cine pega un giro que desató un virus microscópico capaz de dar vuelta también la historia de la humanidad por motivos mucho más trágicos.

También deviene oportuno que coincida con las importantes candidaturas de "Nomadland", de la cineasta china Chloé Zhao, que observa a una mujer sola en medio de un entorno nómade como ella misma, dependiente de precarios trabajos temporales y "golondrina" desde un ángulo realista, aún así romántico, espejo de la crisis social que, con idas y venidas azota al corazón de Estados Unidos.

A lo largo de todo el siglo 20 y lo que va del 21 el cine supervivió a varias agonías, tanto en lo intelectual como en lo industrial, primero en su pase del documental a la ficción, después del corto al largometraje, del mudo al sonoro, del blanco y negro al color, de la pantalla angosta a la ancha, del rodaje en grandes estudios al hecho en medio de la vida misma, forzando a que lo independiente irrumpiera incluso por sobre lo comercial, de la revolución de los nuevos cines en los 60, los sacudones políticos de los 70 en medio de la gloria del cine industrial, a la crisis de los 80 con la irrupción del home video.

La irrupción del universo digital dejó atrás los rollos de celuloide con películas camino a este presente con la explotación a full y casi simultánea del cine en multisalas y en pantallas hogareñas que ya es un signo de los tiempos.

Sin embargo y más allá de los cambios que ocurrieron a lo largo de la historia de la entrega de estos premios en cuanto a su formato como espectáculo televisivo, el que desde 1953 supo ubicarse entre los más vistos año tras año, con la reciente incorporación de un realismo guionado mucho más efectiva para el negocio masivo, incluso para aceptar la producción de plataformas con mucho más dinero que los estudios, fue la irrupción del Covid-19 la que pateó, con fuerza, el tablero.

En las charlas que Télam supo tener con Thierry Frémaux, delegado general (director artístico) del Festival de Cannes, muchas veces se puso sobre la mesa el tema de la resistencia a la entrada por la ventana de las producciones de las plataformas, y leal con sus convicciones acerca del "cine en el cine" decía que era necesario seguir defendiendo la exhibición tradicional, esa suerte de comunión eterna entre el público en una platea con una gran pantalla. Finalmente Cannes aceptó la inclusión de películas de plataformas.

Quien aseguraba eso y en verdad nadie en el planeta, imaginaba que un año más tarde aquella zona de confort se iría al diablo y mucho menos cuál sería el motivo.

En 2019, "Roma", del mexicano Alfonso Cuarón estrenada por Netflix y en un puñado de salas, se llevó varias de las estatuillas principales y en 2020 "El irlandés", de Martin Scorsese respaldada por la misma plataforma con igual política de exhibición, tuvo igual cantidad de nominaciones que ahora "Mank", de David Fincher, también con ese sello, se fue con las manos vacías pero dejó una marca como en otros tiempos las históricas Warner, Paramount y United Artist, no obstante la entrega fue muy parecida a las de siempre porque ocurrió el 9 de febrero, cuando la catástrofe recién asomaba sus narices en Asia.


A pesar de haberse postergado dos meses, y que el proceso de recuperación de la crisis no es homogéneo en todo el planeta, en muchos casos todo lo contrario, Hollywood necesita, de urgencia, reinventarse. La única alternativa es modificar sustancialmente el formato que venía llevando, más allá de crisis o altibajos de por medio, desde 1929 y ya con la llegada de la televisión dos décadas más tarde.

A fin de cuentas la entrega de los Oscar es, desde hace más de dos terceras partes de su historia, un show televisivo por excelencia, por lo tanto el público no necesariamente cinéfilo, muchas veces ignora qué es lo que podría tener en cuenta el millar de heterogéneos académicos al votar una película o la otra.

La ceremonia, al igual que cualquier otra de entrega de premios de entidades del espectáculo, vale en la medida de que lo que se dice en la previa, en la alfombra, lo que se ve en el photo call, la chispa de su maestro de ceremonias, lo que muestra su escenografía, lo que dicen los candidatos tras recibir un premio, los bloopers, el diseño de los vestuarios, los looks más o menos audaces, las falsas sonrisas o lágrimas de los perdedores, ingredientes de emisiones que suelen ser extremadamente largas y por momentos muy aburridas, como fue la de 2020.

La entrega de este 25 de abril será, adelantan sus organizadores, una ceremonia concebida como si fuera una película y totalmente segura contra el coronavirus. Los directivos de la Academia anticiparon que "Este año, los que asistan a los premios en persona serán los nominados, sus acompañantes y los presentadores", nadie más, así como se prescindirá de todos los eventos posteriores que tenían que ver con esa misma entrega y ocupaban toda la noche hasta la madrugada, con miles de participantes, mucha comida y bebida, y más bloopers.

David Rubin, el hombre que está al frente de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood dueña del premio aseguró que este año los premios serán "únicos y memorables", confiando que para febrero de 2022 ya no se parecerá esta intensa pandemia y la fiesta no tendrá la presión que generó esta versión.

Otra de las características es que no habrá una única sede para la transmisión para garantizar las distancias suficientes entre los invitados. Volverá el Dolby Theatre de Los Ángeles sala que es sede de la fiesta de los Oscar desde 2001, con aforo de 3400 butacas, bandejas que en esta oportunidad estarán reducidas al mínimo, que compartirá con la Union Station, la inmensa terminal múltiple de la ciudad californiana, inaugurada en 1939 y que sirvió de locación para varias películas, entre ellas "Blade Runner", que no dejará de funcionar a pesar de la transmisión.

La producción estará en manos del cineasta Steven Soderbergh, qué surgido del cine independiente rápidamente subió por la escalera del éxito a películas comerciales tanto en su rol como director o productor, y que supo recurrir al "split screen" (pantalla partida que surgió en los 70 para generar paralelos de acción) algo que en la nueva forma de comunicación "zoom" se masificó, en esta ocasión junto a Stacey Sher quien fue productor de "Erin Brockovich" (de Soderberg) y el veterano de estas entregas Jesse Collins.

El distanciamiento social, el alcohol en gel (fuera de cámara quizás) y hasta los tapabocas (probablemente de diseño), estarán al orden del día.

Seguramente, alguna sorpresa "visual" estará a resguardo en el igual, al igual que los sobres con los resultados de las escrutinios hace 75 años de PricewaterhouseCoopers, una especie de "joker in a box", que no es el villano de DC Comics varias veces llevado al cine, sino alguno más edificante, que los telespectadores de todo el mundo esperan y desean que sea sorprendente.

//Télam 

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