El invierno en la Antártida es sinónimo de hielo. El mar se congela, la oscuridad cubre el continente durante meses y la capa helada actúa como un escudo entre el agua y la atmósfera. Pero en agosto de 2024 ese escudo cedió: en la bahía de Breid, en la Antártida Oriental, se abrió una zona de agua libre de hielo de casi 90.000 km² en plena temporada invernal.
Ese tipo de abertura tiene un nombre: polinia. Aunque existen en otras partes de la Antártida, ninguna de estas características había aparecido nunca en invierno en esa bahía durante los 45 años de observación satelital continua. El análisis del fenómeno fue publicado en la revista Geophysical Research Letters.
Con imágenes satelitales, sensores oceánicos, mediciones tomadas directamente en el agua y registros climáticos de más de cuatro décadas, los autores reconstruyeron qué combinación de factores provocó que, por primera vez en la historia, el hielo invernal de la bahía de Breid se abriera en pleno invierno.
La bahía perdió casi toda su capa de hielo en menos de un mes
Los científicos registraron la formación de la polinia en la bahía de Breid tras 45 años de observación satelital. (Ching-Yao Lai/Handout via REUTERS)
Según el estudio, la desaparición del hielo no fue un evento repentino. A comienzos de julio de 2024, la bahía de Breid estaba cubierta de hielo en un 97%, algo perfectamente normal para esa época del año. Pero a partir del 17 de julio, el hielo empezó a retroceder a una velocidad inusual: en menos de dos semanas, la cobertura helada pasó de casi completa a un 25%.
El principal responsable fue una cadena de seis ríos atmosféricos que golpearon la región entre julio y agosto. Se trata de corrientes de aire que transportan enormes cantidades de humedad y calor desde los trópicos hacia los polos. En condiciones normales, el invierno antártico frena ese calor antes de que cause daño. En 2024, no pudo: los seis episodios llegaron con una intensidad que superó los registros históricos, con temperaturas hasta 17 °C por encima de lo habitual para esa fecha. Eso equivale a que, en pleno invierno, el termómetro marcara valores propios de otra estación.
El resultado fue visible desde el espacio. El 4 de agosto aparecieron tres manchas de agua abierta dentro del hielo. Seis días después, esas manchas se habían unido y expandido hasta cubrir 89.121 km², una superficie casi tan grande como la de Portugal. Para el 10 de agosto el proceso se invirtió y el hielo comenzó a recuperarse, pero el daño ya estaba hecho: la bahía de Breid había registrado, por primera vez, una polinia invernal de mar abierto.
Vientos, remolinos y calor submarino se combinaron para abrir el océano
Sin embargo, el estudio señala que los ríos atmosféricos no actuaron solos. Mientras el aire caliente atacaba el hielo desde arriba, el océano lo hacía desde abajo.
La cobertura de hielo en la bahía de Breid cayó del 97 % al 25 % en menos de dos semanas durante el mes de julio. (REUTERS/Natalie Thomas/File Photo)
El mecanismo se llama succión de Ekman: los vientos intensos que acompañaron a los ríos atmosféricos actuaron sobre la superficie del mar de tal forma que empujaron las aguas superficiales y frías hacia afuera, obligando al agua más cálida de las profundidades a subir para ocupar ese lugar. Ese calor profundo proviene de una masa de agua conocida como Agua Circumpolar Profunda Superior, que en condiciones normales permanece por debajo de la capa de mezcla superficial y no llega a afectar el hielo. En el invierno de 2024, sí lo hizo.
Una boya oceánica ubicada al suroeste de la polinia registró ese ascenso de agua cálida en tiempo real. Las mediciones tomadas directamente en el agua durante la Expedición Internacional de Circunnavegación Costera Antártica (ICCE) 2024-25 confirmaron lo mismo: debajo de la fría superficie del mar había una capa de agua cálida y salada.
A eso se sumó una ola de calor marino que se extendió del 23 de julio al 14 de agosto. En este caso, la superficie del agua se mantuvo 0,6 °C por encima del promedio histórico. Esa temperatura extra fue suficiente para impedir que el agua volviera a congelarse, incluso cuando los vientos disminuyeron a fines de julio.
Un evento que anticipa lo que podría venir
La aparición de polinias de mar abierto altera los ciclos biogeoquímicos y el intercambio térmico con la atmósfera. (Rob Suisted - http://naturespic.com/via REUTERS)
Para los autores del estudio, la importancia del hallazgo trasciende su carácter de caso único. Las polinias de mar abierto tienen consecuencias directas sobre el clima regional y global: alteran el intercambio de calor, gases y nutrientes entre el océano y la atmósfera, afectan los ciclos biogeoquímicos (el conjunto de procesos que regulan la circulación de elementos como el carbono y el nitrógeno entre el mar, la tierra y el aire) y modifican los ecosistemas que dependen de ambientes helados.
El estudio señala que el hielo marino antártico lleva en declive desde 2016, con mínimos históricos en 2017, 2022 y 2023. Sin embargo, en ninguno de esos años se abrió una polinia en la bahía de Breid. La formación del evento de 2024 requirió una confluencia excepcional de factores: la temperatura del aire, la humedad, la temperatura del mar y los vientos alcanzaron niveles que, según el registro histórico desde 1979, casi nunca se habían visto, y lo hicieron todos al mismo tiempo.
Los investigadores advierten que, si el calentamiento climático fortalece los ríos atmosféricos y el océano Austral continúa acumulando calor, eventos como este podrían volverse más frecuentes en regiones que históricamente permanecieron bajo hielo. El documento concluye que se necesitan modelos de alta resolución que integren el océano, el hielo y la atmósfera. Esto permitirá medir con mayor precisión la contribución de cada factor y evaluar la probabilidad de que fenómenos similares se repitan en el futuro.