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24 de Agosto de 2026
ECONOMIA
24 de agosto de 2026
Miles de argentinos llegan a una remota zona de la Patagonia, en busca de trabajo con solo una mochila, una carpa y la esperanza de que ellos y su país puedan cambiar su destino. Por: The New York Times
Gran parte del desierto blanqueado por el sol en el noroeste de la Patagonia luce igual que hace 100 millones de años: una vasta extensión prehistórica donde deambulaban los dinosaurios más grandes del mundo.
Pero ahora ha llegado otro tipo de gigante, con torres que avanzan por el suelo del desierto y perforan profundamente en una frenética carrera por el petróleo y el gas.
Las enormes patas de hierro de estas torres extraen petróleo y gas de esquisto a niveles nunca antes vistos en Argentina, transformando una zona tranquila del país en el epicentro de un auge de hidrocarburos que alimenta una ola de optimismo sobre el futuro.
“Hemos llegado a la tierra prometida”, dijo Raúl Krasuk, de 69 años, encargado de pozos para Vista, una empresa energética argentina, mientras estaba sentado en la cafetería de un yacimiento que sirve pechugas de pollo a trabajadores provenientes de toda Argentina en busca de su parte en la bonanza.
El presidente Javier Milei ha calificado el yacimiento —conocido como Vaca Muerta— como una “panacea” para Argentina, con el potencial de resolver la crónica inestabilidad económica del país mediante la entrada masiva de dólares por exportaciones. Ha apostado fuerte al proyecto.
Por primera vez en la historia del país, el petróleo crudo superó a la harina de soja como principal exportación este año. Ahora, muchos en el sector petrolero invocan la promesa de un segundo boom después del auge agrícola que, hace más de un siglo, convirtió a Argentina en uno de los países más ricos del mundo.
“Esta es la gran oportunidad que tiene Argentina para prosperar”, dijo Rolando Figueroa, gobernador de la provincia de Neuquén, donde se encuentra la zona rica en esquisto a la que muchos llaman el Texas argentino.
El fondo de cobertura del multimillonario estadounidense Peter Thiel, que ya tiene presencia en Argentina, informó recientemente que adquirió más de 76 millones de dólares en acciones de Vista.
El intendente de Añelo, Fernando Banderet, advierte que la oferta laboral no alcanza para todos los recién llegados (Foto: New York Times)
Aun así, muchos dudan de que Vaca Muerta pueda realmente catalizar el renacimiento económico de Argentina, un país lastrado en las últimas décadas por una inflación galopante y crisis cambiarias. Muchas empresas cierran debido a que las medidas de austeridad de Milei han debilitado la demanda interna, mientras la menor protección comercial expone a las firmas locales a una competencia más barata, lo que genera escepticismo sobre la capacidad del auge petrolero para crear suficientes empleos que compensen las pérdidas en otros sectores.
Los sectores económicos que prosperan bajo Milei —energía y minería— generan relativamente pocos empleos, mientras que otros más intensivos en mano de obra, como la manufactura o el comercio, sufren.
Milei afirma que Vaca Muerta impulsará una mayor actividad económica, pero por ahora muchos trabajadores que participan en esta fiebre del oro negro llegan en ómnibus con solo una mochila y una carpa tras dejar atrás bajos salarios o la falta de empleo en otras regiones.
Tantos esperanzados llegaron a Añelo, la localidad más cercana a los yacimientos, que el intendente pidió a los forasteros que dejen de llegar.
“No hay tanto trabajo para todos”, dijo el intendente Fernando Banderet en la radio argentina el mes pasado.
El auge energético trae un flujo fresco y necesario de dólares a una Argentina sedienta de divisas, asegurándole un mayor protagonismo en los mercados energéticos globales presionados por el conflicto en Irán. Aun así, la dependencia del fracking genera alertas ambientales locales y cuestionamientos sobre apostar el futuro nacional a los combustibles fósiles que buena parte del mundo se ha comprometido a abandonar.
Torres de perforación avanzan sobre el desierto patagónico, transformando el paisaje y la economía local (Foto: New York Times)
Pese a estas dudas y desafíos, una cosa es clara: buena parte del país tiene los ojos puestos en Vaca Muerta.
“Es una revolución”, dijo Banderet.
Banderet llegó a Añelo de niño, cuando era una pequeña y empobrecida comunidad rural. Pasó gran parte de su juventud viviendo en un ómnibus reacondicionado, fue padre a los 16 años y empezó a trabajar como cosechador de frutas.
Ahora todo ha cambiado. Mientras gobiernos extranjeros y empresarios le ofrecen oportunidades ligadas al petróleo en Añelo, cuenta que asistió a la segunda asunción de Donald Trump, viajó a Israel y estuvo en el festival de cine de Cannes.
“Es la fiebre de Vaca Muerta”, expresó.
En los últimos dos años, miles de personas llegaron a Añelo. Algunos durmieron en carpas hasta poder costear una cama en una de las unidades prefabricadas que aparecieron casi de la noche a la mañana. La población de Añelo se duplicó en los últimos dos años, llegando a 12.000 habitantes, según Banderet, mientras el ruido de martillos retumbaba detrás suyo por la ampliación de la municipalidad.
Ese bullicio se volvió la banda sonora del pueblo: un coro de motores de camionetas blancas de petroleros congestionando la ruta principal, el rechinar de las mezcladoras de cemento y el rugido de las torres de perforación a lo lejos.
Una tarde reciente, Sabino Poblete, de 46 años, trabajaba en la construcción de nuevos departamentos, mientras el crepúsculo teñía de naranja los pilares de hormigón desnudo y las llamaradas de gas brillaban en el horizonte. Poblete llegó a Añelo hacía solo cinco días desde la ciudad de Córdoba, haciendo dedo con una mochila y una carpa. “Vine a probar suerte”, dijo.
En la estación de servicio cercana, otros trabajadores migrantes aguardaban un autobús.
“En todos lados dicen que esta es la capital del petróleo”, señaló Ezequiel Barrozo, de 27 años, que migró a Añelo desde Rosario este año. Triplicó el salario que ganaba como policía en su ciudad al encontrar trabajo en la construcción en Añelo. “Me dijeron que si venía acá iba a tener una gran oportunidad”, relató.
Comunidades mapuches protestan por el impacto ambiental del fracking y la gestión de residuos en la región (Foto: New York Times)
Ese optimismo propio del lejano oeste se percibe en toda la provincia de Neuquén, que rodea Añelo. Los restaurantes están llenos, los hoteles y complejos residenciales surgen con nombres como Shale Hotel o Petroleum Housing Complex. Aparecen centros comerciales y concesionarias de camiones en extensiones áridas dominadas por el viento y huesos de dinosaurio.
En las alturas de la ribera del Limay, jóvenes ingenieros de todo el país se reúnen en la sala de control tecnológica de Vista para monitorear en forma remota los sitios de extracción.
A pocos kilómetros, jóvenes argentinos aprenden oficios petroleros gratis en un nuevo instituto de formación financiado por YPF y otras empresas del sector. Una tarde reciente, los estudiantes usaban simuladores para prácticas laborales inmersivas. En un país donde muchos profesionales jóvenes buscan oportunidades en el exterior, estos estudiantes decían estar entusiasmados con su futuro en casa.
“¡Hola, futuro del país!”, saludó Gustavo Livoreiro, director del instituto, al entrar a un aula.
En Neuquén emerge una nueva visión del país, distinta de las fértiles pampas y sus gauchos, símbolos tradicionales de la nación. Aquí, el futuro argentino luce como tanques de petróleo gigantescos con tubos metálicos apuntando al cielo del desierto y huele a diésel, mientras hombres cubiertos de barro extraen caños desde el subsuelo.
La formación Vaca Muerta, que contiene la cuarta mayor reserva mundial de petróleo de esquisto y la segunda de gas de esquisto, era conocida desde hacía décadas, pero Argentina solo recientemente consiguió la inversión y la tecnología avanzada necesaria para explotar el recurso a gran escala. Hoy el país produce más de 850.000 barriles diarios, frente a unos 500.000 hace una década.
Hoy el país produce más de 850.000 barriles diarios, frente a unos 500.000 hace una década (Foto: New York Times)
En los últimos diez años, Vaca Muerta ayudó a transformar el multimillonario déficit energético argentino en un superávit, con mayores ganancias esperadas en el futuro, especialmente en un contexto internacional donde la seguridad energética estable y libre de conflictos es cada vez más valorada.
Milei ha impulsado el sector con fuertes incentivos fiscales y mayor facilidad para exportar combustible, lo que permitió avanzar en un nuevo gasoducto clave. Aunque gobiernos anteriores sentaron las bases en Vaca Muerta, la administración Milei está en posición de cosechar los beneficios.
La explotación de esquisto, sumada a la nueva disciplina fiscal gubernamental, marca “un cambio estructural, fundamental, transformador”, según Marcelo Mindlin, presidente de Pampa Energía, una de las mayores empresas energéticas del país.
“Argentina ha sido un símbolo de inestabilidad”, afirmó. “Estos dos cambios pueden reescribir esa historia”.
Esta confianza no es unánime. El país sigue dividido respecto a la nueva dirección.
Críticos señalan que, mientras la maquinaria ruge en los yacimientos, en polos industriales como la provincia de Buenos Aires las líneas de producción están paralizadas.
La disparidad es visible en Neuquén. Muchos que trabajan fuera del sector energético —como docentes o empleados municipales— ya no pueden afrontar el costo de vida. Incluso en la capital energética del país, la eliminación de subsidios estatales por parte de Milei encareció el gas para muchos. Algunos, incluidos miembros de comunidades mapuches, carecen de gas en sus viviendas.
“Esta es la paradoja de la nueva Argentina”, dijo Lef Nawel, activista mapuche en Neuquén. “O estás adentro o estás afuera”, agregó.
Los mapuches, con algunos de los lazos más profundos con la tierra donde se desarrollan estas operaciones, son los más férreos opositores al fracking.
Protestan por las llamaradas contaminantes, denuncian que los residuos químicos suelen gestionarse de manera inadecuada y advierten que el consumo de agua del sector amenaza con agotar ríos ya afectados por el cambio climático.
“Extraen el petróleo y se lo llevan”, dijo Olga Mabel Campo, referente mapuche. “Pero nosotros somos los que nos quedamos”, remarcó.
El hijo de Campo trabaja en el sector petrolero. Pese a la oposición de su madre, era el mejor empleo que pudo conseguir en el pueblo.
Cuando una llave inglesa se salió de control y golpeó su rostro, le destrozó los dientes y le laceró la boca. En otra ocasión, una caída desde una plataforma le fracturó la columna y la pierna.
Gracias a la indemnización, pudo construir una casa en Añelo. Y continúa trabajando en el sector.
“Es algo imposible de frenar”, afirmó Campo. “Dicen que Vaca Muerta va a salvar al mundo”, concluyó.