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SALUD
5 de junio de 2026
Tras dos décadas de trabajo, la Planta Piloto de Producción de Medicamentos de la Universidad Nacional de Rosario elaborará zidovudina pediátrica.
Se trata de la zidovudina, también conocida como AZT o ZDV. La autorización llegó tras casi dos décadas de investigación y desarrollo por parte de equipos de la universidad pública, según informó el medio local Rosario3.
Con esta iniciativa, las autoridades de UNR esperan a su vez poder resolver un problema concreto del sistema sanitario, que es el abastecimiento de la red pública de salud. La autorización para la elaboración lo convierte en el primer medicamento registrado por un laboratorio universitario en la historia del país.
La producción en la planta de la UNR comenzará durante el segundo semestre del corriente año y se espera que en la primera etapa se elaboren 15.000 envases de 240 mililitros, que serán distribuidos en hospitales públicos de distintas provincias del país.
Además, la iniciativa permitirá ampliar el acceso a una terapia que hoy presenta dificultades de disponibilidad para los pacientes más vulnerables del sistema, que son los niños y las mujeres embarazadas con VIH.
La Planta Piloto funciona desde 2006 y fue la primera del ámbito universitario en incorporarse al Sistema de Laboratorios Públicos de la Argentina (ANLAP). De acuerdo a la información indicada por el portal local, entre sus capacidades productivas se cuenta la elaboración diaria de hasta 5.000 frascos de jarabe y 25.000 comprimidos de medicamentos esenciales.
La Universidad Nacional de Rosario (Google Maps)
El proceso que culminó con la aprobación de la Anmat implicó cumplir con los estándares técnicos y regulatorios exigidos para el registro de un medicamento en el país, un requisito que ningún laboratorio universitario argentino había alcanzado antes para un producto propio, resaltaron.
El laboratorio también trabaja en el desarrollo de otros tratamientos que la industria privada discontinuó o que presentan abastecimiento crítico.
Entre ellos figuran la lamivudina para hepatitis B y VIH pediátrico, el oseltamivir, el atenolol, el sildenafil y el benznidazol, destinado al tratamiento del Chagas en niños de entre 2 y 12 años. La cartera de productos apunta a cubrir vacíos del mercado farmacéutico privado con producción pública y accesible.
(Imagen Ilustrativa Infobae)
El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) mantiene su condición de uno de los problemas de salud pública más extendidos del planeta. De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 40,8 millones de personas conviven con el virus en el mundo, y cada año se suman alrededor de 1,3 millones de nuevos casos. A pesar de los avances terapéuticos de las últimas décadas, la infección sigue sin cura y representa una carga sanitaria persistente para los sistemas de salud de países de ingresos bajos y medios, donde se concentra la mayoría de los afectados.
En ese contexto, comprender con precisión los mecanismos que utiliza el VIH para penetrar y replicarse en el organismo humano sigue siendo una de las prioridades de la investigación biomédica internacional. Un nuevo estudio da un paso concreto en esa dirección. Por primera vez, un equipo científico logró trazar el mapa genético completo de la interacción entre el virus y las células humanas, una herramienta que permite identificar con mayor detalle los puntos vulnerables y los mecanismos de defensa del organismo frente a la infección.
El trabajo fue desarrollado en conjunto por los Gladstone Institutes y la Universidad de California en San Francisco, y sus resultados fueron publicados en la revista científica Cell. A partir del análisis del genoma, los investigadores identificaron proteínas humanas que funcionan como barreras naturales contra el VIH, es decir, moléculas del propio organismo capaces de frenar o limitar la acción del virus.