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SALUD
17 de marzo de 2026

La vacunación, tradicionalmente asociada a la prevención de enfermedades infecciosas, surge como un factor determinante para mejorar la salud pública. Infobae tuvo acceso a un paper recientemente publicado en la prestigiosa revista Vaccine que invita a reconsiderarla más allá de la infancia
Así sucedió con el estudio difundido recientemente en la prestigiosa revista Vaccine, donde un panel multidisciplinario de la Sociedad Latinoamericana de Vacunología (SLV), integrado por epidemiólogos, inmunólogos y referentes en políticas sanitarias, evaluó el impacto de la vacunación en la reducción del cáncer, las complicaciones cardiovasculares y el deterioro funcional, e impulsó a reconsiderar la inmunización más allá de la infancia.
La vacunación, considerada una de las herramientas más efectivas de la salud pública, adquiere en esta investigación evidencia de que su impacto va mucho más allá de prevenir enfermedades infecciosas inmediatas.
El documento publicado en Vaccine subraya que las vacunas no sólo aumentan la esperanza de vida, sino que también modelan trayectorias de salud para toda la población, influyendo en áreas como la prevención del cáncer, la protección cardiovascular, el control de la discapacidad y la promoción de una longevidad funcional.
La revisión, presentada y discutida en reuniones regionales en Bogotá y Santo Domingo con enfoque en América Latina y el Caribe, propone un nuevo paradigma: la inmunización debe asumirse como un eje transversal a lo largo de toda la vida, más allá del enfoque tradicional centrado en la infancia.
Lejos de limitarse a evitar el contagio de enfermedades agudas, las vacunas han permitido sumar años de vida y salud a millones de personas. Enfermedades como viruela, sarampión, difteria, polio, influenza, neumococo y meningococo han dejado de ser frecuentes, lo que ha contribuido a la transformación demográfica mundial. “Las campañas de vacunación han prevenido unos 154 millones de muertes en las últimas cinco décadas, siendo la mayoría niños menores de cinco años”, destacan los autores como uno de los datos más sólidos del documento.
La revista Vaccine presenta evidencia de que las vacunas modelan trayectorias de salud, aumentando la esperanza de vida y previniendo enfermedades crónicas a lo largo de toda la vida (Imagen Ilustrativa Infobae)
“En los últimos 25 años, la vacuna contra el sarampión ha evitado más de 6 millones de muertes en las Américas, y se estima que ha prevenido alrededor de 15 millones de muertes en los últimos 50 años”, sostuvo en una nota reciente a Infobae, Roberto Debbag, vicepresidente de la Sociedad Latinoamericana de Vacunología (SLV).
La vacunación materna –como la de tos ferina o Pertussis, influenza, COVID-19 y, recientemente, virus sincicial respiratorio (VSR)– protege tanto a la madre como al recién nacido durante el período de máxima vulnerabilidad que representa el embarazo.
“Toda infección representa un riesgo especial para la madre, el feto, bebé o RN con morbimortalidades asociadas. Existen vacunas que los protegen, son seguras y reducen la morbimortalidad materna e infantil. En ese dueto irreemplazable entre madre e hijo hay 4 vacunas imprescindibles: difteria; tétanos; pertussis (es triple Tdap); influenza y COVID 19 para ambos; y la de VSR (Virus Sincicial Respiratorio) solo para el RN”, reforzó Debbag a Infobae.
La vacunación materna –como Pertussis, Influenza, COVID-19 y, recientemente, virus sincicial respiratorio (VSR)– protege tanto a la madre como al recién nacido (Crédito: Jovani Pérez/Infobae México)
Consultado por Infobae, sobre el estado actual de las inmunizaciones en América Latina, el doctor José Brea, presidente de la Sociedad Latinoamericana de Vacunología (SLV) aportó en una nota reciente con Infobae cifras contundentes: “En 2024, los niños no vacunados a nivel mundial sumaron 14,3 millones; son los que no recibieron ninguna vacuna. En las Américas, aproximadamente 1,2 millones de niños menores de un año siguen desprotegidos”.
Según remarcó el experto y presidente de la SLV, “las enfermedades con potencial de brote en la actualidad son sarampión, difteria, fiebre amarilla, rubéola, tos convulsa o Pertussis, influenza, polio, varicela, meningococo y dengue”.
Otro eje de análisis alrededor de las vacunas es la sucesión de beneficios secundarios tras la prevención de cuadros graves. El documento de Vaccine destaca cómo la inmunización frente a la influenza, neumococo y herpes zóster en adultos y mayores resulta relevante no solo en la reducción de infecciones, sino también en el menor número de complicaciones, hospitalizaciones y fallecimientos.
El impacto es especialmente notorio en estos tres frentes. En el caso de la influenza, existe un menor riesgo de eventos cardiovasculares mayores en población vulnerable, con una reducción de hasta 30% en infarto agudo de miocardio según metaanálisis. La protección incluye además a embarazadas y recién nacidos.
Según la SLV, solo en 2024 existen 1,2 millones de niños menores de un año sin vacunar en las Américas, lo que incrementa el riesgo de brotes de enfermedades prevenibles (Imagen Ilustrativa Infobae)
Para el neumococo, el desarrollo de nuevas vacunas conjugadas como PCV20, PCV21 y V116, que incorporan más serotipos relevantes para adultos, ha incrementado la protección frente a neumonía, bacteriemia y complicaciones sistémicas, incluyendo infartos y ACV.
En cuanto al herpes zóster, la vacuna recombinante adyuvada mantiene eficacia superior al 85% incluso en adultos mayores de 70 años e inmunocomprometidos. Los autores señalan que no sólo se evitan los cuadros agudos, sino también la neuralgia postherpética y el deterioro funcional, con una reducción del 90% en hospitalizaciones asociadas en los grupos más frágiles.
Incluso hay estudios que sugieren que vacunas como la de la influenza, zóster y COVID-19 se asocian a una menor incidencia de demencia, si bien la mayor parte de estos datos proviene de estudios observacionales.
Los expertos recomiendan esquemas de vacunación continua en todas las etapas de la vida para evitar el deterioro funcional y la dependencia en adultos mayores, beneficiando la salud pública colectiva (Imagen ilustrativa Infobae)
La dimensión menos difundida, pero con gran proyección, es la de la vacunación como prevención directa del cáncer. Ejemplo de ello son las inmunizaciones contra el virus del papiloma humano (HPV) y hepatitis B.
En los países con alta cobertura de la vacuna frente al HPV, la incidencia de cáncer cervicouterino y otras neoplasias asociadas ha caído drásticamente en adolescentes y adultos jóvenes. Un fenómeno similar ocurre con la hepatitis B y el cáncer de hígado en regiones que implementaron la vacunación neonatal.
El documento de Vaccine precisa: “La infección perinatal por HPV conlleva un riesgo de 90% de hepatitis crónica y, por tanto, de carcinoma hepatocelular en décadas posteriores. La vacuna es la única barrera real”.
Las cifras de la Organización Mundial de la Salud reflejan que el acceso oportuno a la vacunación de nacimiento contra hepatitis B permite reducir la incidencia de hepatitis crónica a menos del 1% en menores de cinco años. El documento advierte, sin embargo, que aún existen brechas regionales relevantes, en especial en la cobertura de la dosis neonatal.
La comunidad científica aporta cada vez más pruebas sobre el vínculo entre infecciones, inflamación sistémica y agravamiento de enfermedades crónicas. Las infecciones agudas pueden actuar como desencadenantes de accidentes cardiovasculares, descompensación de enfermedades previas y, potencialmente, deterioro cognitivo.
El panel de expertos resalta que la inmunización podría disminuir esta carga inflamatoria y así ralentizar procesos de deterioro asociados al envejecimiento inmunológico y a la inflamación crónica vinculada a la edad (“inflammaging”).
Los expertos remarcan que cada enfermedad infecciosa grave en una persona mayor aumenta el riesgo de pérdida de autonomía, institucionalización y el costo económico. (Imagen Ilustrativa Infobae)
El informe sostiene la necesidad de abandonar el esquema limitado a la infancia. Se proponen esquemas integrados de vacunación continua, con recomendaciones periódicas para todas las etapas: hexavalentes y nuevas vacunas conjugadas y maternas en lactantes, refuerzos contra difteria, tétanos, tos ferina y HPV en adolescentes, y campañas de refuerzo contra influenza, COVID-19, neumococo, zóster y VSR en adultos y mayores.
El efecto trasciende la protección ante infecciones: “Prevenir eventos agudos en la vejez evita el deterioro funcional, la dependencia y el aumento de la demanda de servicios de cuidado”, señala el documento publicado en Vaccine.
Los expertos remarcan que cada enfermedad infecciosa grave en una persona mayor aumenta el riesgo de pérdida de autonomía, institucionalización y el costo económico para la familia y el sistema de salud.
La inmunización contra el virus del papiloma humano y la hepatitis B ha reducido drásticamente la incidencia de cáncer cervicouterino y de hígado en regiones con alta cobertura vacunal (Imagen Ilustrativa Infobae)
En un comunicado reciente, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) advirtió sobre una fragilidad inmunológica colectiva que, según sus expertos, afecta tanto a la inmunidad individual como a la salud pública de toda la población.
Según la SAP, la disminución de la percepción del riesgo obedece a que la mayoría de la población nunca ha convivido ni presenciado casos graves de enfermedades como poliomielitis, difteria o sarampión. El éxito de las campañas de vacunación hizo que estas patologías desaparecieran, y esto, paradójicamente, ha llevado a que muchas personas duden de la necesidad de continuar inmunizando a sus hijos.
“Entre los niños nacidos entre 1994 y 2023, las vacunaciones infantiles de rutina habrán prevenido aproximadamente 508 millones de casos de enfermedad" (Freepik)
La Sociedad Latinoamericana de Vacunología (SLV), a través del doctor Brea, aportó datos categóricos: “Entre los niños nacidos entre 1994 y 2023, las vacunaciones infantiles de rutina habrán prevenido aproximadamente 508 millones de casos de enfermedad; 32 millones de hospitalizaciones y 1.129.000 muertes”.
La magnitud del beneficio también se refleja en términos económicos. “Esto se traducirá en un ahorro directo de 540 mil millones de USD y un ahorro social de 2,7 mil millones de USD entre los diferentes eslabones del sistema de salud”, señaló el doctor Brea.