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SALUD
22 de febrero de 2026

Ambas raíces mejoran la función intestinal, contribuyen a la protección celular y pueden aliviar dolores articulares y musculares. Cómo utilizarlas en la cocina
Se trata de dos raíces: el jengibre se distingue por su aroma y su toque ligeramente picante, presente en recetas dulces y saladas. Esta raíz de Zingiber officinale forma parte de bebidas como el té de jengibre y de numerosas preparaciones asiáticas.
La cúrcuma, por otro lado, es un pariente cercano del jengibre y se reconoce por su color naranja dorado, así como por su uso desde hace siglos en la gastronomía y la medicina tradicional asiática.
El jengibre contiene gingerol, un compuesto natural que favorece la motilidad intestinal y ayuda en la digestión (Imagen Ilustrativa Infobae)
Según un metaestudio, que recoge más de 100 artículos académicos previos, investigadores de la Universidad Nacional de Seúl han observado que el jengibre puede ayudar en las náuseas y vómitos, en la función gastrointestinal, a disminuir el dolor y la inflamación y puede tener una función protectora en ciertos síndromes metabólicos.
Según Johns Hopkins Medicine, el jengibre contiene gingerol, un compuesto natural que favorece la motilidad intestinal. Esta acción contribuye a que los alimentos se desplacen eficazmente por el sistema digestivo.
En cuanto al alivio de náuseas, pacientes sometidos a quimioterapia pueden experimentar menos molestias al incluirlo en su dieta, incluso junto con tratamientos tradicionales, según informó la entidad.
Además, la raíz ha sido recomendada para disminuir la hinchazón abdominal, los gases y el estreñimiento, mientras que sus antioxidantes contribuyen a proteger las células frente a los radicales libres. Sin embargo, su capacidad antiinflamatoria está en estudio. Los especialistas aclaran que, aunque esta raíz posee más de 400 compuestos diferentes, algunos de ellos con posibles efectos antiinflamatorios, aún no existe suficiente evidencia clínica respecto a su aplicación en enfermedades como la artritis reumatoide o inflamaciones respiratorias.
La cúrcuma es rica en curcumina, reconocida por sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias en estudios científicos (Imagen Ilustrativa Infobae)
Mary-Eve Brown, dietista y nutricionista clínica oncológica en Johns Hopkins Medicine, explica que el principal compuesto activo de la cúrcuma es la curcumina, con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.
“La curcumina tiene muchas actividades biológicas, pero no todas se comprenden”, afirma la experta. “Al igual que otros alimentos vegetales de colores vibrantes, la cúrcuma es rica en fitonutrientes que pueden proteger el cuerpo neutralizando los radicales libres (contaminación, luz solar) y protegiendo las células del daño”.
Brown afirma: “Quien intente controlar la inflamación podría beneficiarse de añadir cúrcuma a sus comidas”.
“Algunos resultados de investigación muestran que las personas con osteoartritis informaron menos dolor articular al consumir cúrcuma en las comidas”, continúa la nutricionista.
La leche dorada combina cúrcuma, jengibre y leche, es popular por su color vibrante y se consume por sus efectos antiinflamatorios y antioxidantes (Imagen Ilustrativa Infobae).
“También se ha explorado el efecto de la cúrcuma sobre los trastornos del estado de ánimo, la depresión y la demencia, pero los estudios son pequeños, por lo que más investigaciones revelarán si existe algún beneficio”, dijo la experta de Johns Hopkins Medicine.
Otro estudio comprobó que el consumo de cúrcuma esta asociado a cambios en el perfil de las grasas de la sangre en adultos con enfermedades metabólicas.
Además de estas condiciones, los estudios de investigación han demostrado otros posibles beneficios de la cúrcuma para:
La cúrcuma y el jengibre son seguros en la alimentación habitual, consumidos de forma moderada - (Imagen Ilustrativa Infobae)
Tanto la cúrcuma como el jengibre son considerados seguros cuando se consumen en cantidades habituales dentro de los alimentos. Sin embargo, Johns Hopkins Medicine advierte que la mayoría de los efectos secundarios se vinculan a dosis elevadas de curcumina presentes en suplementos, como cápsulas, píldoras o gomitas, más que a la especia utilizada en la cocina.
Las reacciones alérgicas a la cúrcuma —entre ellas sarpullido o molestias abdominales— pueden afectar a personas sensibles a esta especia. Respecto al jengibre, ingerir grandes cantidades, especialmente en suplementos, puede aumentar el riesgo de sangrado; por ello, se recomienda precaución en quienes reciben tratamiento anticoagulante, advirtió Johns Hopkins Medicine.
Algunas investigaciones sugieren que cantidades altas de jengibre podrían modificar la insulina y disminuir los niveles de azúcar en sangre. En consecuencia, personas con diabetes pueden incluir el jengibre en sus comidas habituales, pero deben evitar los suplementos en dosis elevadas hasta contar con evidencias suficientes.
Desde Johns Hopkins Medicine insisten en considerar el jengibre y la cúrcuma como aliados potenciales en la dieta. No obstante, recalcan que ante cualquier duda lo más adecuado es consultar a un especialista en nutrición.
El jengibre puede utilizarse fresco, rallado o picado, en pasta o en polvo (Imagen Ilustrativa Infobae)
El jengibre y la cúrcuma son dos ingredientes versátiles que pueden incorporarse de diversas formas en el menú diario. El jengibre puede utilizarse fresco, rallado o picado, en pasta o en polvo. Equilibra el dulzor de las frutas y combina bien con platos como las lentejas. Otra alternativa es el jengibre encurtido, habitual en la gastronomía japonesa, que además de ofrecer los beneficios de la raíz, suma el aporte probiótico de los encurtidos y contiene menos sodio que otros productos similares.
La cúrcuma, por su parte, se emplea en curry en polvo y como colorante natural en algunos tipos de mostaza. Su sabor terroso resalta en platos asiáticos, guisos y sopas, como la de pollo.
Es posible encontrar raíz de cúrcuma y jengibre frescas en las verdulerías, que pueden conservarse en el freezer hasta seis meses cortadas en trozos.