Miércoles 4 de Marzo de 2026

21/01/2026

Esta ilusión óptica viral promete medir el estrés: qué dice la ciencia

Fuente: 1769009039

Una imagen fija que aparenta moverse recorre las redes sociales. Detrás del furor, la historia real nacida en 2016 que combinó arte digital, ciencia de la percepción y una larga cadena de desinformación

>En los últimos días, una imagen circular, cargada de contrastes y patrones hipnóticos, reapareció una y otra vez en redes sociales como Facebook, X (ex Twitter) y Reddit.

Cada vez que regresa, lo hace acompañada por la misma afirmación: la velocidad con la que la imagen podría revelar el nivel de El pie de foto más repetido atribuye la creación de la imagen a un supuesto neurólogo japonés y ofrece una escala clara y alarmante.

“Si la imagen no se mueve, la persona está tranquila. Si el movimiento resultaba leve, tiene estrés”, dicen las leyendas que acompañan el posteo. Si el movimiento parece intenso, el diagnóstico sugería un estado peligroso. La consigna cierra con una pregunta directa que apelaba a la curiosidad y a la ansiedad colectiva: ¿Cómo te va?”. La fórmula resultó eficaz. Los comentarios se multiplicaron con rapidez y combinaron humor, preocupación y resignación.

Usuarios de Facebook escribieron frases como: “Muy estresado, y ahora estresado por estar estresado”; “No puedo creer que no esté estresado y muy tranquilo. ¿Cuándo me ha pasado eso?” y “No se mueve. ¡Quizás necesito un café!”.

La misma imagen circuló con el mismo mensaje desde 2018 y reapareció de forma cíclica. En noviembre, un tuit volvió a adjudicarla a un inexistente “psicoterapeuta japonés Yamamoto Hashima” y sumó una advertencia más grave sobre un supuesto agotamiento peligroso.

La historia detrás de la imagen resultó muy distinta a la que circuló en redes.

Lejos de un neurólogo japonés, el autor fue un artista digital ucraniano llamado Yurii Perepadia.

La desinformación alcanzó tal nivel que varios medios internacionales intervinieron. La afirmación fue verificada por la BBC, BuzzFeed News y Snopes en 2018, cuando la imagen alcanzó una viralidad masiva. En 2020, Reuters volvió a desmentirla, tras detectar un nuevo pico de circulación.

Perepadia explicó en varias oportunidades el origen real de su trabajo. En un pie de foto publicado en Instagram el 18 de noviembre, detalló el proceso creativo con precisión. “Dibujé esta ilusión óptica en Adobe Illustrator el 26 de septiembre de 2016”, escribió. “Para crearla, utilicé el efecto de Akiyoshi Kitaoka.

El artista relató que la ilustración le llevó cerca de dos horas y que jamás la pensó como una prueba psicológica. Cuando detectó la publicación falsa por primera vez en Facebook, la reacción fue inmediata. “Primero vi esta publicación falsa en Facebook y luego comenzaron a aparecer en todas partes”, le dijo Yurii a BBC.

La situación le generó enojo, en especial por el uso indebido de su obra. “Me molestó. Al fin y al cabo, era una infracción de derechos de autor. Así que escribí cartas exigiendo que eliminaran las publicaciones”.

En paralelo, la figura del supuesto experto japonés creció con cada reposteo. Perepadia aclaró de forma tajante su inexistencia. “El psicoterapeuta japonés Yamamoto Hashima no tiene nada que ver con esta imagen”, respondió frente a las afirmaciones virales sobre su trabajo. “Además, Yamamoto Hashima no existe realmente”.

El verdadero sustento de la imagen se encontró en la psicología de la percepción visual. El efecto utilizado por Perepadia se basó en investigaciones desarrolladas por Akiyoshi Kitaoka, profesor de psicología en la Universidad Ritsumeikan de Osaka, Japón.

Lejos de estudiar el estrés, Kitaoka centró su trabajo en cómo el cerebro interpreta estímulos visuales estáticos como si estuvieran en movimiento.

El efecto que produce la imagen viral responde a mecanismos neurológicos básicos. El contraste entre blanco y negro, combinado con fondos de color y patrones repetitivos, provoca micro movimientos involuntarios de los ojos.

La percepción varía entre personas y también según factores como la iluminación, el cansancio visual o el tiempo de observación. Ninguno de esos elementos funciona como indicador clínico del estrés mental.

Con el tiempo, Perepadia observó un cambio alentador. A medida que los desmentidos se difundieron, más usuarios comenzaron a cuestionar el mensaje original. “Cuando la gente descubrió que yo era el autor de esta imagen, me ayudó a sacar a la luz la verdad”, dice. La corrección no alcanzó la misma viralidad que la afirmación inicial, pero permitió frenar parte de la desinformación.

El episodio deja una lección clara sobre el funcionamiento de las redes sociales y la relación entre ciencia y viralidad. Una imagen impactante, un relato simple y una promesa de autoconocimiento rápido bastaron para instalar una creencia falsa durante años. La autoridad científica inventada y el lenguaje técnico reforzaron la ilusión de veracidad.

Frente a preocupaciones reales sobre la salud mental, la recomendación fue clara y consistente: consultar con un profesional calificado resultó siempre una opción más segura que intentar un autodiagnóstico a partir de una imagen compartida en redes sociales.

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