La familia Seltzer había construido una vida que, hacia afuera, parecía perfecta. Nadie imaginaba que detrás de la puerta del sexto piso de Aguirre 295 se estaba gestando una tragedia que terminaría convertida en una de las escenas criminales más estremecedoras de los últimos años en la Ciudad de Buenos Aires.
El 21 de mayo de 2025, apenas pasado el mediodía, la empleada doméstica de la familia llegó al departamento como lo hacía habitualmente. Abrió la puerta, caminó unos metros y se topó con una imagen que la paralizó: uno de los adolescentes estaba tirado en la cocina, cubierto de sangre. Salió desesperada y llamó a la policía.
Poco después, los efectivos llegaron al lugar y descubrieron la escena completa. Adrián Seltzer, su esposa Laura Leguizamón y sus hijos Ian e Ivo, de 15 y 12 años, todos estaban muertos.
No había signos de robo ni puertas forzadas. Solo sangre, cuchillos y una carta escrita a mano.
Un año después, el espanto sigue intacto.
El giro en la investigación y la verdad que nadie esperaba
En un principio, la sospecha recayó sobre Adrián Seltzer. Pero las pericias de la Unidad Criminalística Móvil y la División Homicidios cambiaron el rumbo en cuestión de horas: todo indicaba que la autora de los crímenes había sido Laura Leguizamón.
La revelación sacudió todavía más a quienes conocían a la familia. Seltzer, de 53 años, era licenciado en administración agraria y trader de granos. Había abierto una vinoteca con amigos y era descripto como un hombre tranquilo y amable.
Leguizamón, de 50, era la madre que recibía chicos en su casa, siempre simpática y presente en la vida de sus hijos. Ian e Ivo estudiaban en el colegio ORT, tocaban la guitarra y eran fanáticos de Queen.
Nada encajaba con lo que los investigadores empezaron a descubrir.
El rastro de la sangre
Las autopsias determinaron que Adrián Seltzer fue atacado primero, mientras dormía. Recibió tres puñaladas y casi no tuvo posibilidad de defenderse.
Después vino la escena más brutal: los chicos estaban en su habitación cuando comenzó el ataque. Los investigadores creen que ambos intentaron escapar.
Uno corrió herido hacia el comedor, pero fue alcanzado y rematado allí. El otro quiso volver hacia la pieza y cayó en el pasillo. Los dos tenían heridas defensivas y habían sido atacados por la espalda.
Cada uno recibió entre 10 y 12 puñaladas.
La sangre desparramada por todo el departamento permitió reconstruir los movimientos dentro de la casa. Era el rastro desesperado de una huida imposible.
Después de matar a toda su familia, según la hipótesis del fiscal César Troncoso, Leguizamón volvió a la habitación matrimonial, se acostó junto al cuerpo de su marido y se provocó heridas en el pecho y las muñecas.
Finalmente, con las últimas fuerzas que le quedaban, se arrastró hasta el baño y murió sobre el bidet.
La autopsia reveló una profunda puñalada a la altura del corazón. También tenía lesiones autoinfligidas en las muñecas, marcas en el cuello y cabellos en las manos.
La carta, dos cuchillos y medicación psiquiátrica
“Fue mucho. Los amo. Lo siento”. Esa frase, escrita sobre una hoja A4 manchada de sangre, fue la primera pista de una reconstrucción espantosa.
“Todo mal, fue mucho. Los amo. Mal. Perverso”, decía el papel, con una mezcla de letras cursivas e imprentas poco legibles, según detalló en ese momento una fuente cercana a la causa a TN.
Junto a la carta que la mujer había dejado en el comedor de su casa, había además un dibujo de la contraseña de uno de los celulares de la familia.
Los investigadores también encontraron en la escena dos cuchillos de cocina: uno con mango metálico, cerca del cuerpo de Seltzer, y otro con mango de madera, con mayor cantidad de sangre, en el lado de la cama donde dormía Leguizamón.
También se halló en el departamento medicación psiquiátrica: cajas de sertralina, olanzapina y un antipsicótico.
Los testimonios de familiares y de la empleada doméstica terminaron reforzando una sospecha inquietante: Laura Leguizamón atravesaba un cuadro psiquiátrico y posiblemente había dejado de tomar la medicación semanas antes de la masacre.
“Estaba distinta”, declaró la empleada. La hermana de Leguizamón también habló de antecedentes de salud mental.
El horror no tiene explicación
Pero incluso con todas las respuestas judiciales y forenses, el caso sigue representando una herida difícil de cerrar.
Porque la masacre de Villa Crespo no solo dejó cuatro muertos. También destruyó la idea de que ciertos horrores ocurren lejos, en otras familias.
Dejó una contradicción imposible entre esas fotos familiares llenas de sonrisas que aparecían en sus redes sociales y el baño de sangre en el que terminó todo.
“Genia y diosa”, escribió Adrián Seltzer, en el último posteo que compartió en Facebook. La frase acompañaba una foto en la que posaba junto a Laura, su esposa, mirándose los dos con ternura.
Nadie podía siquiera imaginar entonces la tragedia que iba a ocurrir apenas unas semanas después y que todavía hoy, 12 meses más tarde, sigue generando la misma pregunta: ¿Cómo pudo pasar?.